Miras tu agenda y descubres que no tienes huecos libres… Y los que tienes son forzados, son el resultado de “obligarte” a dejar algo de tiempo para ti y porque sabes que de otra manera vas a acabar en agotamiento crónico.

Miras tu agenda y ya no sabes cómo hacer para llegar a todo, para cumplir expectativas, para llegar a los resultados.

Miras tu agenda y lamentas no poder vivir durmiendo un par de horas al día durante un mes para poder abarcar todos los jardines en los que te has metido.

Miras tu agenda y notas una presión en el pecho y un nudo en el estómago, porque además sabes que no vas a poder delegar ciertas cosas, que hay temas que quieres mantener dentro de tus responsabilidades y hacerlas personalmente.

Miras tu agenda y piensas… ¿Cómo he llegado hasta aquí?

Desde el coaching, la pregunta sería más bien ¿y qué quieres hacer con esto?

¿Cómo he llegado hasta aquí? Dos vías de reflexión

Sobre la primera pregunta tienes dos vías de reflexión:

  1. El pasado no se puede cambiar. Las decisiones que has tomado te han traído hasta aquí, asúmelo. Desde la resignación o desde la aceptación. Esto es lo que hay.
  2. No puedo cambiar las decisiones tomadas, pero sí aprender de ellas. ¿Para qué acepté tal y cual proyecto? ¿Qué tenía en mente que iba a ocurrir? ¿Qué emoción me movió? ¿Desde dónde valoré si esta decisión era adecuada para mí en este momento de mi vida?

Ya hay una vía de aprendizaje, perfecto. Ahora depende de ti cómo quieras utilizar este aprendizaje, desde tu RESPONS(H)ABILIDAD, desde una realidad en que el protagonista eres tú y no un mero espectador.

¿Y qué quieres hacer con esto? Más allá del “sigo o paro”

¿Y qué quieres hacer con esto? Otra pregunta que me lleva a ser protagonista de mi vida. Pero es un protagonismo que me reta a que tome una decisión, por ahora, dicotómica:

  1. Sigo adelante, a ver qué pasa.
  2. Paro y asumo que no puedo con todo.

Muy simplista, ¿y la escala de grises?

  1. Sigo adelante, me planteo prioridades, pido aplazamientos y organizo un plan de actuación que me permita “respirar”.
  2. Paro, valoro mis opciones y abandono algunos de los compromisos que asumí sin tener en cuenta el precio “de vida” que iba a pagar por ellos.
  3. Delego… Delego… Uff, esta es difícil, pero es sin duda alguna una opción.
  4. Pido ayuda, no en forma de delegación, pero sí en forma de apoyo, sí en forma de asesoramiento, sí en forma de poder desahogar la presión para seguir adelante.
  5. Todas las opciones intermedias que puedas encontrar.

Antes de decidir: ¿para qué asumiste tantos compromisos?

Por supuesto, para poder elegir es fundamental preguntarse: ¿Cuál es el beneficio de cambiar la realidad que tienes? Desde el “para qué” elegiste tomar estos compromisos, ¿de qué otra manera puedes lograr tus objetivos?

Esta es una exploración preciosa en la que, sin duda alguna, se puede profundizar e indagar en todos aquellos aspectos que forman parte de ti como persona, son tu esencia, lo que te mueve.

Hay personas a las que les mueve el reto, hasta dónde son capaces de llegar… Y no tienen en cuenta CÓMO van a llegar cuando se embarcan en tantos proyectos.

A otras personas les mueve el deseo de generar más ingresos… Y no han contabilizado CUÁNTO van a pagar por conseguirlos.

Y hay otras personas a las que les mueve… La ILUSIÓN, y no miden las consecuencias, QUÉ conlleva su decisión.

Mira tu agenda y toma decisiones

Y son sólo algunos ejemplos de cómo la motivación y la emoción nos trae a donde estamos cada uno de nosotros. Somos responsables y decisores, conscientes o no, de la realidad que nos rodea. Cuando tomamos consciencia de esta nueva perspectiva, miramos la agenda Y TOMAMOS DECISIONES.

Y tú, ¿qué quieres hacer con tu agenda?